Los peligros de las modas: las “ecoetiquetas”

¡Claro que si! Comida "orgánica" y un toque retro. ¡Éxito asegurado en la próxima feria alternativa!

¡Claro que si! Comida “orgánica” y un toque retro. ¡Éxito asegurado en la próxima feria alternativa!

A pesar de que es obligatorio recibir clases de química en el colegio, la mayor parte de la gente confunde un producto natural con un producto beneficioso (creo que esto ya lo dije antes…) o, por ejemplo, uno que me divierte mucho, el concepto “comida orgánica” frente… “comida” ¿que? la comida siempre es orgánica. A no ser que alguien se alimente a base de sol y de aire, que es una opción tan respetable como cualquier otra, pero dificil de compaginar con… bueno, nuestra biología. Volviendo a lo orgánico, también los pesticidas suelen ser moléculas orgánicas (y un montón de venenos, pero esto ahora no viene al caso.)

Lo que se quiere decir con “comida orgánica” compende una nebulosa de conceptos no muy bien definidos, que pueden incluir la producción no industrial, el cultivo ecólogico (¡otro concepto a desentrañar!), una mayor calidad de vida/de alimentación que llega ipso facto aunque lo compres en la misma gran superficie de siempre o un plan de vida más acorde a ciertos principios de respeto por el medio ambiente que no todo el mundo tiene muy claro, pero que los productos orgánicos ayudan a conseguir. El drama de todo esto es que hay una media verdad detrás, y si un sector de la población cree que está salvando el planeta y a sí mismo, otro sector no hace más que desacreditar la idea entera, sin importar lo que pueda tener de cierto, basándose en las otras caras de la moneda. Por ejemplo: considerar que se compra de manera ecológica o consciente porque se compra naranjas “orgánicas” que provienen de Almería o ¡Venezuela! si vives en Valencia y al lado de tu casa hay un supermercado que vende las naranjas de una cooperativa local.

Y no hay que olvidar que al final, esto no deja de ser para muchos una tendencia que puede dar jugosos beneficios. El fondo del asunto es que por alguna razón, basada a medias en la realidad y a medias en leyenda urbana, todo lo ecológico tiene que ser, necesariamente, más caro. Por que es mejor. ¿O no?

Muy "eco" todo... pero, ¿porqué?

Muy “eco” todo… pero, ¿porqué?

En un experimento realizado por Sörqvist et al. de la Universidad de Gävle, en Suecia, se demostró que si un producto llevaba la etiqueta “eco“, aunque fuera exactamente el mismo que otro que no lo llevaba, la gente no sólo estaba dispuesta a pagar más por él, si no que, además, se autosugestionaba para encontrarle mejores propiedades organolépticas. Claro, es “eco“, he pagado más por él, ¡está más bueno![1]

La cuestión es tener claras ciertas cosas. Es evidente que si un agricultor no utiliza pesticidas, perderá una parte de la cosecha a manos de los depredadores, y esas pérdidas las paga el consumidor. También es cierto que la producción industrial abarata el precio de las cosas (aunque eso no necesariamente suponga que sea más barato para el consumidor final). Así que sí, es muy probable que una manzana cultivada sin pesticidas y vendida por el agricultor en persona puede resultar ser más cara que una manzana que provenga de Mozambique en el súper de debajo de mi casa. Aunque puede ocurrir que como estrategia de márqueting, a las manzanas mozambiqueñas les planten una hermosa etiqueta bio (bueno, son producto de un árbol, luego son biología pura) y el agricultor del campo de al lado no se pueda permitir el obtener un certificado de cultivo ecológico[2]. Así que al final todo se reduce a una elección: ¿por qué comprar una u otra manzana?

Si uno elige como criterio para escoger manzana el alimentarse causando el menor impacto posible al resto del planeta – sin llegar al extremo del sol y el aire a ser posible – con establecer ciertas reglas basandas en principios meditados todo se hace más fácil.

Yo tengo establecidas éstas, en orden de la prioridad que les doy, pero evidentemente son los míos personales.

  • Cuanto más cercana sea la procedencia de la comida, mejor.
    • PORQUÉ: menos transporte pago y menos CO2 se ha emitido y menos tiempo ha permanecido en nevera (este último sólo aplicable a fruta/verdura de temporada).
  • Cuanto más cerca de mi casa se quede el dinero con que compro, mejor.
    • PORQUÉ: más incentivo mi economía local.
  • Cuantos menos residuos genero con mi compra, mejor.
    • PORQUÉ: menos dinero cuesta procesar mi basura y menos plásticos pulularán por el mundo.
  • Cuantos menos tratamientos padezca con agentes químicos artificiales, menos agentes químicos artificiales transfiero en mi organismo.
    • PORQUÉ: Bueno, creo que es lógico. Pero no hay que demonizar a los químicos. La comida está compuesta de productos químicos, ¡no hay que olvidarlo! Lo único es que a veces nos emperramos en colocar donde no toca ciertas sustancias y entonces empiezan los problemas.

Y en cuanto a las etiquetas… bueno, con moderación. Si las veo claras si, si no, no les hago mucho caso. Por muy “eco” que sean unas naranjas Venezolanas, me quedo con las maduradas cerca de mi casa. Aunque se fumigue el campo, están más buenas.

Con estos criterios y comprando en el mercado, he comprobado dos cosas

1. Me gasto menos dinero que antes, cuando compraba en el súper,

2. La comida que como es de mejor calidad.

Y esto son resultados reales (el extracto del banco no engaña) y no producto de una autosugestión.


[1]”Who Needs Cream and Sugar When There Is Eco-Labeling? Taste and Willingness to Pay for “Eco-Friendly” Coffee” P. Sörqvist,  D. Hedblom,  M. Holmgren,  A. Haga,  L. Langeborg,  A. Nöstl,  J. Kågström , 2013, PLoS ONE 8(12) e80719

[2] “Comercio-Ambiente Eco-Etiquetado Un Instrumento para Diferenciar Productos e Incentivar la Competitividad” R. Abarca, S. Sepúlveda, 2011, ISBN 92-9039-516 8, p27

http://books.google.es/books?id=p0TqaNpsX6IC&pg=PA25&lpg=PA25&dq=precio+eco+etiqueta&source=bl&ots=WZiwj530P4&sig=CULtnu0xIQyqCcJ0PpqM3sGdT3Q&hl=en&sa=X&ei=MtsyVLq4OpSxacGLguAN&ved=0CFwQ6AEwBg#v=onepage&q=precio%20eco%20etiqueta&f=false

Acerca de Ana

Nací en los ochenta y soy, por los pelos, de la generación millenial. Pero de los tempranos, no de los ni-nis, sino de los que estudiaron mucho y emigraron. Yo estudié mucho y me doctoré en química orgánica, pero no emigré. Me quedé y ahora me he reproducido. Y aquí estoy. Escribiendo esto.
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2 respuestas a Los peligros de las modas: las “ecoetiquetas”

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