A vueltas con la segunda mano

Cuando comencé por lo de las tres R (Reducir, Reciclar, Reutilizar) ya me imaginé que la más dificil iba a ser la de Reutilizar. Y no me equivocaba.

Hay ciertas circunstancias que favorecen el intercambio o la cesión directa de ciertos objetos. Por ejemplo,

  • Ropa entre familiares. Es más que común dar la ropita de bebé y demás merchandaising de todos los bebés que han habido al bebé que acaba de llegar. Y entre hermanos es tan habitual heredar las cosas que yo conozco algunos hermanos pequeños que hasta que no fueron bien grandes no estrenaron nada.
  • Si los bienes son muy caros, como pisos o coches.
  • Si se mira por la red hay una tupida red de venta de muebles de bebé o de jardín. Objetos de poco uso que en cuanto las circunstancias cambian ya no encuentran sitio y hace falta deshacerse de ellos.
  • También en la tecnología hay cierto margen para el mercado de segunda mano, sobretodo si no se tienen muchos recursos, o es un chisme que sabes que te hace falta pero que no quieres dedicarle ni tiempo ni dinero a conseguir uno (vease teléfonos moviles y ciertas personas de mediana edad), o es algo en lo que te quieres iniciar y luego ya adquirir uno mejor (cámara de fotos…). Aunque aun así, la tecnología nueva tiene un coste tan asequible que hace que la mayor parte de la gente compre y renueve asiduamente su catálogo de artilugios digitales.

Pero la idea no es sólo adquirir objetos de segunda mano si la economía es precaria o para reducir el coste de lo que se piensa es una inversión superflua. La idea es reducir todo el consumo de objetos de nueva fabricación. Porque nada hay más ecológico que usar lo que ya existe. Como frase es bonita. Pero, ¿y cómo filosofia de vida?

Así que me propuse objetivos. Empecemos poco a poco. Primero probé la ropa, que después de lo expuesto en este mismo blog, sería un poco hipócrita no probar lo que yo misma sostengo.

segundalia

En efecto, en los últimos años, el mercado de ropa de segunda mano ha ido adquiriendo mayor relevancia y ahora es posible encontrar tiendas y plataformas on-line que ofrecen ropa en condiciones óptimas, sin que huelan a alcanfor ni tu abuela te riña por hortera o pasada de moda. Más adelante publicaré mi experiencia con segundalia, pero adelanto que pude adquirir un bonito vestido de seda para una boda, de un modista más o menos conocido a más de la mitad de precio. Porque era de segunda mano, claro. Pero por más que lo miré y repasé, no conseguí encontrar ningún signo de uso. Y llegó envuelto en papel de seda y con olor a perfume, como en las tiendas.  Ni una queja. Aunque se me podría acusar de que comprar ropa para una boda es equivalente al punto anterior: “reducir el coste de los que se piensa una inversión superflua“. Pues según como se mire, sí. Pero es un primer paso. Yo nunca creí que compraría ropa de segunda mano a no ser que fuera para un disfraz.

Así que me envalentoné. Pensé que el concepto “segunda mano” había cambiado radicalmente de perspectiva y que la proliferación de cadenas de tiendas relucientes de compra-venta de objetos de segunda mano (cash converters y demás ralea) era una señal de ello.

Recientemente y, tras meditarlo mucho, hemos concluido que nos vendría bien adquirir un robot de cocina concreto, famoso y controvertido, que nuevo es tan caro que hay que pagarlo a plazos y te hace plantear si de verdad va a ser tan útil. Además, leí por internet reseñas de miembros del servicio técnico que recomendaban encarecidamente comprar el modelo anterior, mucho más robusto que el nuevo, pensado descaradamente para que reporte a la compañía las ventajas de la obsolescencia programada, aunque ésta llegue cuando el cliente aún está pagando las letras del trasto. El modelo anterior ya no se vende nuevo, así que forzosamente se debe recurrir al mercado de segunda mano.

Y allí que fuimos. Primero a una tienda de barrio que imitaban a las cadenas grandes, en cuya página web se aseguraba tenian en stock lo que estaba buscando. Cuando llegamos, y a pesar de la iluminación, de la disposición de las estanterías y de la ambientación general de la tienda, que pretendía imitar al Mediamarkt, los objetos estaban colocados sin gracia, muchos de ellos sucios de ese polvo que ya no se va con un plumero, descoloridos, ajados y con aspecto de haber tenido días mejores. Desde luego así era muy fácil pensarse y repensarse si lo que querías comprar era realmente necesario comprarlo. Una ayuda reconfortante para la compra consciente, lástima que no creo que ése fuera el objetivo de los dueños de la tienda.

Como no tenían ya lo que buscábamos nos fuimos, esta vez sí, a una cadena grande y bonita que se dedica a estas cosas. Y sí, la tienda era enorme y espaciosa y aún mejor iluminada, ambientada y distribuida. Y por ello se podían distinguir dos áreas bien diferenciadas para dos tipos de clientes diferentes: tecnología y joyería, todo en vitrinas impecables, y el resto de trastos, sucio y mal colocado.

Las cosas de cocina estaban no ya usadas, estaban sucias, en algunos encontré restos de comida (muy, muy, pero que muy resecos, claro). Había freidoras con grasa amarillenta acumulándose por las esquinas. ¿En serio no hay ninguna forma de poder limpiar eso a fondo?. ¿Cómo vas a poder comprar un cacharro que cuando lo tocas lo notas pegajoso al tacto, si apenas es veinte euros más barato que comprar uno nuevo? No sólo hay que estar MUY mentalizado de eso es lo más ecológico, sino que debes olvidar las nociones más básicas de higiene alimenticia. ¿y cómo vas a comprar algo de esa sección, aunque ofrezca (a priori) mejor aspecto, teniendo esa guarrada a su lado?

A todo esto se une otro problema, del cual no tienen la culpa los vendedores de segunda mano. Y es que la mayor parte de los bienes de consumo que adquirimos están pensados para resultar atractivos antes de usarlos, cuando los tienes que comprar. Una vez que ya están en uso, la idea es que se deterioren y dejen de ser atrayentes lo antes posible, para que el propio usuario piense que hace falta una renovación aunque funcione perfectamente. Porque se nos intenta inculcar que no sólo debe ser útil (o ni siquiera eso), sino que tenga un diseño, unos colores y una cierta estética.

Si añadimos a la apariencia absolutamente decadente que ofrecen ciertos objetos al año de uso, una falta de limpieza básica y el desorden en la colocación en la tienda, se hace muy difícil, pero mucho, plantearse seriamente en comprar según qué de segunda mano.

Rastro_en_la_Plaça_de_Lluís_Casanova,_Valencia_11Estas tiendas, por modernas que pretendan ser, sólo son una versión más cara del maremágnum que ofrecen los rastros más humildes, con su manta extendida en el suelo y el caos sobre ella. Su público mayoritario, salvo para los apartados de tecnología y joyería -secciones que sí que miman y cuidan con esmero- sigue siendo el sector de población con recursos más limitados, los que se deben conformar con lo sucio y feo, pero que al menos funciona (de momento).

Moraleja: la segunda mano sigue siendo complicada, sobretodo en según qué circunstancias. Pero gracias a este tiempo de reflexión forzado, en un segundo análisis he dscubierto que el trasto en cuestión no cumple el único requisito que le pedía. Así que compra abortada, dinero ahorrado y R cumplida (Reducir).

Acerca de Ana

Nací en los ochenta y soy, por los pelos, de la generación millenial. Pero de los tempranos, no de los ni-nis, sino de los que estudiaron mucho y emigraron. Yo estudié mucho y me doctoré en química orgánica, pero no emigré. Me quedé y ahora me he reproducido. Y aquí estoy. Escribiendo esto.
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