Experiencia: Lush. Manejar con cuidado.

Después de quedar claro que las cremas exfoliantes pueden ser realmente dañinas para el medio ambiente, decidí explorar el mercado de la cosmética alternativa. Y en ese mercado no hay duda de que Lush es la reina.lush

Lush cumple todos los requisitos que se le pueden pedir a una casa comercial que quiera tener un código ético: la formulación de sus productos parte de ingredientes naturales, al más puro estilo DIY, pero pasando por controles de calidad y hecho por personas que (se supone) saben de formulaciones cosméticas. En efecto, destilan naranjas (de huertos ecológicos), machacan almendras y plantas aromáticas, y añaden aceites de origen vegetal, pero de fuentes que no destruyen el medio ambiente. Además lo aderezan con campañas muy bonitas, como envolver regalos con pañuelos (y así, además de regalar dos cosas, el mundo se ahorra el papel de envolver tu regalo), sus botes de plástico son reutilizables y retornables y están en contra de la experimentación animal.

Una muy buena campaña, reutilizan los botes vacíos.

Una muy buena campaña, reutilizan los botes vacíos.

Por todo esto, y porque se me habían acabado simultáneamente, en una especie de conjunción mística, el limpiador, el tónico y la crema hidratante – compradas en la sección de perfumería del súper de debajo de mi casa- decidí lanzarme a probarlo. Además, justo me acaban de hacer un análisis gratuito del estado de la piel de mi cara. Salió que estaba estupenda, solo le faltaba un poco de hidratación. Era el momento ideal.

Productos probados

No se puede decir que no lo he intentado

Las tiendas son monísimas y estás allí, con tu piel, “pues no sé, normalita, ¿no?” Y te van ofreciendo potingues con nombres dulcísimos que dan ganas de comérselos. Al final escoges más por lo que te pide el cuerpo cenar ese día que porque sepas que te va a ir bien para tu tipo de piel y tus circunstancias vitales. Y ahí ha comenzado el drama. Estoy segura que en toda la tienda y en su estupenda gama de productos hay una combinación que va bien para mí. La lástima es que en seis meses no la he encontrado y no voy a seguir intentándolo.

Las personas que están de cara al público están realmente motivadas y convencidas de lo que venden. Lamentablemente, ay, no saben qué venden. Y es que, por mucho que sean cremas de almendras molidas con hojas de menta, y todo muy natural (eso te lo repiten hasta la saciedad), no dejan de ser principios activos. En esta sociedad no se enseña adecuadamente la diferencia entre los conceptos natural e inocuo. Hay infinidad de venenos naturalísimos. Volviendo al tema, no hay manera humana de que nadie en sus tiendas sepa nada sobre productos naturales, y ahora me refiero a la asignatura de las carreras de Químicas y de Farmacia. Alguien que realmente sepa qué va a pasar cuando te pongas algo de lo que venden en la piel. Las cremas, los limpiadores, son muy reactivos, porque los ingredientes son muy puros, muy buenos y no se van con medias tintas. Nótese que yo siempre había usado limpiadores de supermercado, nada de productos caros, o de farmacia, ni especiales para pieles sensibles. Pero aun así.

herbalismComencé con un limpiador, “pastel de navidad” (ya he dicho que no sabes si comértelos o restregártelos por la cara) y me lo acabé entero. Y gracias a él descubrí lo que es el acné juvenil. La primera crema hidratante que me dieron era tan grasa que aun poniéndome cantidades infinitesimales por la mañana, seguía teniendo la piel grasienta por la noche. Le di a estas nuevas cremas un tiempo, por si requería adaptación, ¡yo que sé!. Pero entré en marzo con la cara fatal. Probé a lavármela con jabón sin más, pero una vez que se tiene acné, ya no se va con jabón de lavar las manos. Fui de nuevo, y me recomendaron otra combinación, ésta para pieles con granos. Los granos siguieron, pero ahora, además, tenía rojeces y la piel seca. Fui otra vez, me dieron otro potingue, ahora un jabón negro a base de ceniza. Y finalmente, he ido a la farmacia a que me arreglen este desaguisado. Llevo menos de una semana con un tratamiento y, poco a poco, vuelvo a recuperar mi cara. La mejoría es más que notable.

Ahora, ha estado bien, porque jamás he tenido acné y no sabía lo mucho que puede llegar a doler. Una experiencia más en la vida.

Lo que sí que me ha servido: Su crema desmaquillante “ultrasuave”. Para mi es fatalultrasuave restregármela por la cara, pero reconozco que para desmaquillar los ojos va genial. Sus champús sólidos son realmente fantásticos.1 Aunque huelan raro y tanto mi pareja como mi madre los miren con cierto desagrado, y no duren tanto como aseguran ellos que duran. Y sus dentífricos en pastillas, que aunque sea un poco desagradable la sensación, para llevarlos al trabajo o de viaje, ahora que están tan pesados con eso de los líquidos en el equipaje de mano de los aviones, van realmente bien. Aunque no me atrevo a basar mi higiene bucal solo en ellos.

Conclusión

valoración lush

¿A que nunca habías visto una empresa que te dijera quién exactamente ha fabricado lo que estás usando?

¿A que nunca habías visto una empresa que te dijera quién exactamente ha fabricado lo que estás usando?

Tienen un montón de tonterías la mar de monas, que si bombas de baño (pero tomar baños no es demasiado ecológico…), plastilina como gel de ducha, para que los niños jueguen, y aceites para masajes, cremas para las manos, sueros para pies, ¡maquillaje!… No he probado nada de eso, aunque algunos de estas cosas son sus buques insignia. Pero yo solo quería encontrar una rutina de cuidado facial.

El precio es tirando a carillo. Claro, que se le supone una cierta calidad. Es todo muy respetuoso con el medio ambiente, con los principios éticos, con la declaración de los derechos humanos, con todo lo que quieras. Pero en sus tiendas no tienen personas que entiendan de principios activos o de farmacología, sólo gente que juega a vender cosas bonitas y “naturales”, convencidos todos de que están haciendo un mundo mejor. Lo cual es cierto, y es loable, pero no basta. Para mí, en mi caso concreto, no cumple el objetivo por el cual me decidí a probarlo. Ahora, eso si, para hacer regalos vistosos y eco-friendly, no hay nada mejor.

 

 


[1] Desde muy jovencilla vi que tenía un leve problema de caspa y desde entonces había utilizado el mismo champú, archiconocido, para tratarla, hasta que cambie al anti-caspa de Lush. Por lo que cuando el otro día vi como un polvillo blanco sobre mi pelo me costó un poco identificar que era aquello y que hacia enganchado entre mi pelo. Y aquello no era otra cosa que ¡la caspa! ¡Diecisiete años después! Así que ahora tengo al champú en periodo de prueba. Después de seis meses utilizándolo exclusivamente me parece extraño que sea ahora cuando aparezca. Quizás haya sido una cosa puntual. No lo sé. Estoy en ello.

Acerca de Ana

Nací en los ochenta y soy, por los pelos, de la generación millenial. Pero de los tempranos, no de los ni-nis, sino de los que estudiaron mucho y emigraron. Yo estudié mucho y me doctoré en química orgánica, pero no emigré. Me quedé y ahora me he reproducido. Y aquí estoy. Escribiendo esto.
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2 respuestas a Experiencia: Lush. Manejar con cuidado.

  1. Pingback: Los peligros de las modas: las “ecoetiquetas” | Cargols i Gratacels

  2. Laura dijo:

    A mi me regalaron una cestita muy bonita con estos productos. Entre ellos una crema hidratante corporal para usar en la ducha, dejar actuar y aclarar. Pues menudos ronchones rojos me salían en las piernas, en mi vida he tenido nada igual. Primera y última vez.

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