Ir al mercado II: la experiencia.

imagesEn un post anterior desglose todas las ventajas que teóricamente tenia comprar en el Mercado municipal/del barrio.Finalizaba el articulo narrando los instantes previos a pasar de la teoría a la práctica. Ahora que ha pasado un tiempo y he conseguido acostumbrarme a hacer la compra en el mercado de mi barrio, pasemos ya a las ventajas que he encontrado yo:

– En realidad gasto menos dinero que cuando solo hacia una gran compra a la semana en el hipermercado. Las conservas las sigo comprando en supermercado, pero ya no voy a la Gran Superficie fuera de la ciudad, voy al supermercado de barrio que tengo cerca de casa, y no voy cada semana ni hago compras grandes. Y lo fresco lo compro cada semana en el mercado de mi barrio. Si junto las facturas de lo que gasto en el mercado con lo ocasional del supermercado y las comparo con lo que me gastaba antes, el ahorro llega hasta ¡el 25%!. Se compran menos cosas accesorias, menos platos preparados y de sobre y menos chucherías. Y además, el precio de los productos frescos es muy similar o incluso menor.

Soy más consciente de lo que compro, cocino y como. En el mercado, las mercancías se acaban. No tienes esa falsa sensación de vivir en una cornucopia donde mágicamente siempre hay fruta fuera de su temporada y nunca se acaba el género. Inconscientemente soy más cuidadosa con el aprovechamiento de los alimentos que he comprado.

En la misma línea, pero diferente enfoque, comprando los alimentos en el mercado soy capaz de discernir mejor entre los artículos que son necesarios y los superfluos así como las propiedades de estos artículos que realmente me importan para el fin para que los quiero. En una gran superficie todo está a un pasillo de distancia, el arroz, los DVD, los aperitivos salados, las televisiones de plasma. Y al final acabas siguiendo los mismos criterios para comprar cualquier cosa que ese espacio contenga, a saber, que sea bonito y brillante. Pero dado que no es lo mismo un DVD que una manzana, no se deben comprar siguiendo los mismos criterios.

La carne y las verduras son infinitamente mejores. Es así. De repente volví a reencontrarme con el sabor de las fresas y de los tomates. La carne no pierde (tanta) agua al freírse y es más fácil encontrar piezas de explotaciones locales y con ciertos criterios tanto a la hora de alimentar a los animales como de conseguir su engorde. Es cierto que esa mejoría no la noto tanto en la sección de pescadería, ya que este país cuenta con una excelente red de distribución de pescado y marisco desde las lonjas locales y se puede encontrar el mismo género tanto en la pescadería de un gran hipermercado como en los puestos del mercado de mi barrio y a un precio idéntico. No sé si en otras ciudades o mercados las cofradías pesqueras ofrecen sus productos directamente, lo cual mejoraría el precio, ya que la calidad es difícil, pero en mi caso no.

Exif_JPEG_PICTURE  El trato es fantástico. La frutera me reserva ya ciertos tomates que son los que me gustan. Te aconsejan, te dan recetas de cocina y trucos. Y si de algo no tienen, se buscan la vida y te lo traen. No sé si es que los tenderos de mi mercado son especialmente atentos o si es generalizado. Ahora, eso sí, has de ser un/una cliente más o menos fija. El primer día que fui al mercado, perdida por completo, tenía la sensación de que, voluntaria o involuntariamente, me estaban tomando un poco el pelo, en el sentido de que me ofrecían las cosas más caras o no se esmeraban tanto ya que no era cliente habitual. Quizás fuese una impresión errónea fruto de mi extrañeza y desconfianza al introducirme en un terreno exótico, como ya he apuntado al principio. Pero la tenía. Y ahora ya no.

No soy de la cuidad donde vivo. Llegué hace un par de años, sin conocer a nadie y sin tener ningún vínculo familiar. Desde que voy al mercado tengo más relación con la gente de mi entorno. Poco a poco les voy conociendo y ellos a mí, me empiezan a preguntar por cómo estoy y me entero de cosas que pasan a mi alrededor. Es una sensación que nunca había sentido y que no esperaba sentir jamás en una ciudad, y menos tan grande como esta. La gente deja de ser una masa informe y se individualiza en personas concretas, que son amables o no, que tienen problemas o que quieren ayudar. En general, la expresión facial de las personas cambia bastante del supermercado al mercado. Los compradores están más relajados, aún no he visto parejas discutir ni niños berreando como energúmenos, cosas que sí que he visto en las grandes superficies.

Y si habéis llegado hasta aquí, pero seguís sin tenerlo claro, es porque la idea os gusta pero no tenéis tiempo. O eso creéis. Estaréis pensando “Sí, súper bonito todo, más barato, mejor trato, acaba con el paro y la crisis, esta más bueno y te conviertes en un consumidor modelo, pero… ¿de dónde saco tiempo yo para ir al mercado?”. Pues del mismo que dedicas en ir a la gran superficie. En vez de coger el coche, buscar aparcamiento, ir por entre los pasillos buscando ese artículo que siempre esconden, hacer cola para pagar… coges tu carrito de la compra y te plantas en el mercado de tu barrio. El tiempo que se tarda es más o menos el mismo, es decir, bastante rato, aunque se gasta de diferente forma. En el mercado colase distribuye en pequeñas colas que, es cierto, se pueden llegar a hacer desesperantes si a la señora de delante le apetece presumir de nieto chistoso o quejarse de sus dolores con la dependienta. También hay días un poco señalados en los que la afluencia es masiva y no son pequeñas colas, es una auténtica trampa para incautos, pero eso también pasa en las grandes superficies, donde la acumulación de gente consigue hacer el aire irrespirable y la música atronadora – cuando son villancicos, en navidad, se hace especialmente difícil – resuena en mis oídos.

Creo que ya están desmontados todos los mitos sobre los mercados de barrio. Ahora que llevo casi un año acudiendo a uno he de reconocer que ahora me cuesta bastante comprar los productos frescos en los hipermercados. Con la fruta ya he aprendido que es directamente tirar el dinero y lo mismo con las verduras.

Id, pero no un día a buscar leones, sino asiduamente. Alternad la compra en el mercado con las grandes superficies y acostumbraos poco a poco. ¡Veréis como al final no querréis volver al centro comercial!

Acerca de Ana

Nací en los ochenta y soy, por los pelos, de la generación millenial. Pero de los tempranos, no de los ni-nis, sino de los que estudiaron mucho y emigraron. Yo estudié mucho y me doctoré en química orgánica, pero no emigré. Me quedé y ahora me he reproducido. Y aquí estoy. Escribiendo esto.
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