Una Carta

Sí, era un silencio, que con decrecimiento se estrena en el mundo sonoro, sonido de las palabras, tic, tac, tic, tac, como un reloj, nos hemos acostumbrado a tecleteo de las teclas, que han acabado anulando el sonido de las palabras, esas que rompen el silencio como música, rumor de ideas, murmullo, sea bienvenido ese sonido y en enhorabuena.

 

Sus sujetos, los del crecimiento, progreso y demesura, han comenzado a estallar por su cuenta, como si estuvieran hartos de insoportable hedor del consumismo carente de vida. Las cosas se entretienen para no mostrar el valor del misterio, aquello que todos tenemos de mágico.

 

Así un vaso se parte sin que nadie lo toque, un cuadro disloca su marco, se cae encima del sofá lleno de pelos del gato, los armarios se desfondan en autónomos hundimientos, a lo Titanic, y las grietas de esas casas que se hacen sin pensar en la mierda que generan, crecen con gran rapidez, como si persiguieran una arquitectura diferente o quizás un habitante diferente, que cocinen en casa, que coma en casa, que la llene de su humanidad, que no sea una visión aseptica que imita a los anuncios publicitarios.

 

Así, las piedras saltan sobre los coches, rompen su ordenado desenfreno en las carreteras, como si fuesen hojas que hay que sacar del rio, para que no enturbien las aguas, para que no enferme y perezca la tierra. Así la farola de la esquina se quema, de día, mientras está apagada, para que no mutile con su luz la belleza de la noche.

 

También las teclas saltan del teclado, trinc, tranc, tronc… accionadas por los mismos resortes que las tienen prisioneras, como una renuncia a ser golpeadas para trasladar a un mundo más humano la esquiva corriente de los significados, de los sonidos de las palabras.

 

Pau Aragonés

Acerca de Ana

Nací en los ochenta y soy, por los pelos, de la generación millenial. Pero de los tempranos, no de los ni-nis, sino de los que estudiaron mucho y emigraron. Yo estudié mucho y me doctoré en química orgánica, pero no emigré. Me quedé y ahora me he reproducido. Y aquí estoy. Escribiendo esto.
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