Sobre la cosmetica y decrececimiento

Si la autoproducción es una de las bases del decrecimiento, se puede llegar fácilmente a la conclusión de que la denominada “cosmética casera” tiene mucho que ver con todo esto.

Eso es relativo.

Hay multitud de páginas en las que se detalla cómo fabricar cremas de alto grado de sofisticación, e incluso rímel, con su botecito especifico y todo. Todo esto es divertido si se tiene como afición, pero difícilmente se puede considerar decrecentista cuando la lista de productos exóticos es tan larga como en la de los manufacturados. El hecho de sustituir un producto de una gran casa comercial por una infinidad de compuestos igualmente envasados y comercializados, en muchos casos por las mismas grandes casas comerciales, ni disminuye el número de residuos generados, ni disminuye la necesidad del transporte de productos ni reduce la actividad comercial generada. Es entretenido, divertido y debe causar una gran satisfacción personal, todo esto es muy bueno y loable, pero no es lo que se busca aquí.

Por otro lado, existe un enorme interés por lo que se ha denominado “cosmética natural”, que es aquella, casera generalmente, que utiliza principios naturales sin extraer de los organismos vegetales que los contienen. Esto es, usar las hierbas del campo, las frutas y verduras de casa para hacer productos de para el cuidado personal. Esto está bastante bien, y se acerca más a nuestro objetivo, siempre que se tengan en cuenta algunas objeciones:

– se suele creer que “lo natural” es siempre saludable, o aun a malas, inocuo. Esto es una gran mentira. Desde los tiempos más remotos se han extraído venenos de las plantas y los hongos, y una gran cantidad de plantas medicinales son venenosas si se abusa de ellas. Hay una manera fácil para saber manejar los productos naturales y saber controlar las dosis con total garantía: consiste en estudiar Farmacia en la Universidad o apuntarse a un curso de Química de los productos naturales. Las plantillas de I+D+i de las casas cosméticas están compuestas de farmacéuticos y químicos que llevan años, y diría que incluso siglos, intentando mejorar las técnicas y las formulaciones de las cremas y demás. Es muy difícil que una crema casera a base de pepino iguale en eficiencia a una crema carísima comprada en farmacia.

-Hay una creencia popular que demoniza los productos industriales, acusándolos de ser “todo química“, sin que parezcan ser conscientes que un aceite esencial cualquiera también lo es. Estamos compuestos de moléculas y átomos que interaccionan entre ellos a través de mecanismos que los humanos hemos englobado en una ciencia llamada Química. Tu cuerpo es “todo química”, cuando ríes o tienes hambre, todos son procesos químicos. Extraer con aceite los principios activos o el aroma de los pétalos de rosa o del romero también lo es.

-Muchos apelan a recetas ancestrales de las abuelas y aseguran que son mejores que los productos comerciales de ahora. Y de hecho lo son, si se tiene en cuenta que cuidarse la piel, al igual que el cuidado de cualquier otro órgano del cuerpo, es necesario y mejor si no alteras el planeta por ello. Pero las exigencias higiénicas del pasado no son las mismas que ahora, es decir, la gente antes podía vivir sin desodorante y sin ducharse todos los días. Dicen que esto último es más sano, pero se trata de convivir en una ciudad y trabajar en entornos cerrados (oficinas, despachos…) y con gente que puede que no comparta tu punto de vista sobre el decrecimiento y su repercusión sobre el olor corporal. Así mismo, antiguamente envejecer no era considerado un insulto de la naturaleza hacia el ser humano, sino un proceso inevitable que confería ciertas ventajas en cuando a consideración y estatus social. Las necesidades de antes no son las de ahora y se ha de ser consciente de ello y del grado que deseamos asumir el decrecentismo en nuestro cuidado personal

-La manteca de Karité viene de África. Ni más ni menos. Y si no pone “bio” en el botecito, lo más normal es que contenga conservantes y trazas de hexano. Lo mismo para el resto de componentes que no sean las almendras del campo de tu vecino: Puede que sean muy naturales y ecológicos, pero si tienen que atravesar medio planeta para llegar a tu casa, no mejoras en gran cosa el entorno. Y no por ser “natural” implica que no haya sido procesado y que, por tanto, no contenga trazas de productos químicos no deseados. Tampoco es que no los tengas que usar, pero sí ser realmente consciente de lo que haces y de las implicaciones que tiene.

Dicho todo esto, y si aun hay ánimos de seguir leyendo, en esta categoría busco alternativas para el cuidado personal básico. Jabones, tónicos, cremas hidratantes… Todo está testeado en casa sobre nuestra piel, que no sé si es grasa o seca, no es delicada ni tenemos alergias importantes. Para cualquier duda, consulta un farmacéutico, o compra el producto manufacturado, que ésos sí que están clínicamente probados y son hipoalergénicos.

Acerca de Ana

Nací en los ochenta y soy, por los pelos, de la generación millenial. Pero de los tempranos, no de los ni-nis, sino de los que estudiaron mucho y emigraron. Yo estudié mucho y me doctoré en química orgánica, pero no emigré. Me quedé y ahora me he reproducido. Y aquí estoy. Escribiendo esto.
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